abarca desde la dinastía Han hasta el final de la dinastía Qing (206 a. C. – 1911), un período marcado por una notable evolución formal y temática, y consolidado bajo la influencia del confucianismo, el taoísmo y el budismo.

Previamente, durante la dinastía Qin, el emperador Qin Shi Huang impulsó la unificación de la escritura y la estandarización de los caracteres, aunque bajo un férreo control intelectual. Con la consolidación de la dinastía Han, la poesía de Chu evolucionó hacia el fu (賦), una composición rimada de carácter descriptivo y con frecuencia dialogada. Paralelamente, surgió el yuefu (乐府), una forma lírica de raíz popular. En prosa, destacan las Memorias históricas de Sima Qian, obra fundacional de la historiografía china.

Posteriormente, la dinastía Tang es considerada el apogeo de la lírica clásica, con figuras cumbre como Li Bai y Du Fu. Durante la dinastía Song, se desarrolló notablemente el ci (詞), un estilo poético musical, y se refinó la prosa literaria. Bajo la dinastía Yuan, de origen mongol, las artes escénicas, en especial el teatro zaju, alcanzaron su madurez formal, y la narrativa en prosa comenzó a estructurarse con mayor complejidad.

En la dinastía Ming surgió y se consolidó la novela clásica china. Obras monumentales como “El Romance de los Tres Reinos” y “A la orilla del agua” ejemplifican el auge de la narrativa extensa.

Finalmente, durante la dinastía Qing, el género novelístico mantuvo su vigor y alcanzó su cima estética con obras como “Sueño en el Pabellón Rojo”.

En el ámbito de la poesía y la prosa culta, la producción intelectual reflejó la transición entre la tradición imperial y los albores de la modernidad.

Bibliografía: Tomado del sitio web de Encyclopedia Britannica